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Cincuenta años de dulces experiencias

Martes, marzo 20, 2012
Por Gustavo M. de la Garza Ortega

 …finalmente llegó el 10 de febrero de 1962, el despertador estalló inusualmente más temprano que de costumbre… en unas horas habría de contestar, públicamente, al Excmo. Don Alfonso Espino y Silva, con un vigoroso y tierno SÍ, a su clara y contundente pregunta que marcaría mi vida para siempre: “…aceptas por esposa a la señorita, aquí presente, María Cristina Flores Alanís como tu legítima esposa…?

…escoltado de los nervios propios del momento, exclamé erguido, con una seguridad como si estuviera viendo todo mi futuro en los brillantes ojos húmedos de mi futura esposa, SÍ, Excelentísimo Señor, Sí, sí la acepto… Sellé, contundentemente, sin titubeo alguno, y fundí, con el ardor de una llama que mi emoción encendió en aquel instante, nuestras vidas que se han mantenido envueltas en un destello intenso de claridad… cincuenta años después, aquella flama olímpica que incendiamos juntos, abrasó todos estos amaneceres y se mantiene inextinguible gracias a la consagrada convivencia que ella ha sabido conservar viva y ardiente… todo nuestro ímpetu jovial, entusiasmo natural de aquellos días, se unió en un solo camino, en un solo esfuerzo, en una sola trayectoria, en un solo destino, en una sola actitud: amarnos hasta que el Señor nos separe al acudir ante Su bendita presencia…

Nuestros hijos, seis, Gustavo, Cristina, Jorge, Marcelo, Gabriela y Alejandra, apoyados por sus respectivos cónyuges, organizaron un hermoso, caluroso y brillante, por el amor que en él se respiró, evento conmemorativo, tan lleno de detalles, afecto, ternura y de solidaridad familiar, que me inspiró a enviarles, como reconocimiento, el siguiente mensaje que ahora, sin su permiso de ellos, les comparto a todos mis asiduos seguidores de mi blog.

A nuestros queridísimos hijos,       

Emocionados y aturdidos por el cúmulo de sorpresas y vivencias, motivados por el mensaje que nos dieron, orgullosos por los hijos que procreamos y enmudecidos por el asombro de lo que son capaces, me permito a nombre mío y el de mi inseparable y dulce compañera del camino, vuestra mamá, reconocer con profundo respeto el grandioso ejemplo de fraternidad, generosidad, alegría y talento que nos han dado con motivo del festejo de nuestro aniversario de bodas de Oro matrimoniales.

Hace más de medio siglo, el Señor cruzó nuestros caminos en una venturosa y cálida tarde… ni ella ni yo sabíamos lo que allá arriba se entretejía para nuestras vidas; en una extraña mezcla de sobresaltos y paciencia se fueron hilvanando nuestros sentimientos, sueños e ilusiones que habrían de llegar a concebir la idea de una unión para siempre… y nos unimos, y nos entrelazamos, y nos complementamos, y nos volvimos papás de seis criaturas que cuidamos y procuramos formarlos lo mejor según nuestro entendimiento.

Sólo hasta hoy hemos dimensionado la magnitud de nuestra humilde labor; la magnificencia, el amor, la dedicación, el ingenio, la coordinación, la hermandad, el cariño, la devoción y el intento logrado plenamente de homenajearnos y transmitir un mensaje de solidaridad familiar a toda la comunidad, es la más grande recompensa que podemos recibir.

Nada fue en vano, todo esfuerzo dejó huella, cada detalle marcó un rumbo, cada palabra imprimió un sello, cada arrumaco a vuestra madre creó un halo de ternura, cada consejo nutrió el espíritu, cada reprimenda forjó el carácter, cada caricia engrandeció el calor familiar. Estamos muy satisfechos, estamos muy orgullosos, somos una pareja simplemente feliz, muy feliz.

Les reconozco la dedicación y entusiasmo, el talento y entrega, la adhesión y frenesí, el entusiasmo y pasión… nos hicieron derramar lágrimas de alegría, reír, suspirar, henchir el pecho y aprender de ustedes, aprender mucho de ustedes.

Gracias por tanto amor, gracias por mostrarse como son, gracias por tomar la estafeta y continuar adelante nuestra misión, gracias por todo, pero sobre todo, gracias por ser como son.

 

Sus orgullosos papás,

Gustavo y Cristina

 

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English Version

Fifty years of sweet experiences

…it finally arrived… February 10, 1962; the alarm clock clanged earlier than usual… in a few hours I would have to answer publicly to His Excellency Alfonso Espino y Silva, with a vigorous and tender YES, the clear and compelling question that would define my life forever: “… Do you take Miss Maria Cristina Flores Alanis as your lawful wedded wife…?

…escorted by the nerves of the moment, I stood upright and exclaimed with great self-assurance, as if I was seeing all my future inside the bright and damp eyes of my future wife, Yes, Your Excellency, Yes, I do… I sealed, bluntly, without hesitation, and melted, with the heat of a flame that lit my emotion at that moment, our lives which have remained wrapped inside an intense gleam of clarity… fifty years later, that Olympic flame we lit together, blazed all these sunrises and remains undying thanks to the dedicated coexistence that she has kept alive and burning … all our jovial impetus, our natural enthusiasm of those days, was joined in one path, in a single effort, in a single trajectory, in a single destiny, in a single attitude:  to love each other until the Lord do us part to appear before His holy presence…

Our children, six, Gustavo, Cristina, Jorge, Marcelo, Gabriela and Alejandra, supported by their respective spouses, organized a beautiful, warm and bright, because of the love that was breathed there, a commemorative event, so full of details, affection, tenderness and family solidarity, which inspired me to send in their recognition, the following message, which now, without their permission, I share with all my blog followers.

To our dear children,

Overjoyed and stunned by the abundance of surprises and experiences, motivated by the message that you sent us, proud  of the children that we procreated and speechless from the marvel of what you are capable of, I want to, in my name and in the name of my inseparable and sweet life companion, your mom, recognize with deep respect the great example of brotherhood, generosity, happiness and talent that you have given us on the celebration of our golden marriage anniversary.

More than half a century ago, the Lord crossed our paths in a blissful and warm afternoon… neither she nor I knew what was being interwoven up there for our lives; in a strange mix of surprises and patience, we were threading our feelings, dreams and illusions that came to conceive the idea of ​​a union forever… and we came together, and we intertwined, and we complemented each other, and we became parents of six children that we cared for and we tried to raise in the best of our understanding.

Only until today we have comprehended the magnitude of our humble labor; the magnificence, love, dedication, ingenuity, coordination, brotherhood, care, devotion and the fully successful endeavor to pay us homage and convey a message of family solidarity to the whole community, is the greatest reward we could have received.

Nothing was in vain, every effort made its mark, every detail set a course, every word printed a seal, each cuddle you gave your mother created a halo of tenderness, each advise nurtured the spirit, every reprimand forged the character, every touch magnified the family warmth. We are very happy, very proud; we’re just a happy, very happy couple. 

We acknowledge the dedication and enthusiasm, the talent and commitment, the adherence and frenzy, the excitement and passion… you made us cry tears of joy, laugh, sigh, replenish our chests and learn from you, learn a lot from you.

Thank you for all the love, thank you for showing your true selves, thank you for taking the baton and carry on our mission, thank you for everything, but above all, thank you for being who you are.

 

Your proud parents,

Gustavo and Cristina

 

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