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IV Concurso Internacional de Piano Parnassós

Jueves, octubre 14, 2010
Por Gustavo M. de la Garza Ortega

A principios de este mes de octubre, se llevó a cabo el IV Concurso Internacional de Piano Parnassós, en el cual orgullosamente, hemos sido parte de este proyecto, desde hace ya varios años. En esta ocasión, envío mi más sincera felicitación al pianista de origen ruso, Alexander Yakovlev, quien obtuvo el primer lugar, así como a todos los participantes y miembros del Consejo de Parnassós por su excelente desempeño durante esta edición del Concurso.

Me gustaría compartir con ustedes, el discurso que amablemente me invitaron a ofrecer a los presentes, el pasado 10 de octubre, durante la premiación, en el Auditorio San Pedro, en Monterrey, Nuevo León:

Distinguidos miembros del Jurado,
Distinguidos Directivos del Consejo Parnassós,
Excelentísimos participantes del concurso Internacional de Piano,
Brillantísimos ganadores del Concurso,
Querida y Respetada Myrthala Salazar
Amigos todos:

Comenzaré por transcribir unas frases que Enrique García de la Garza, un joven sobrino mío, de 17 años, que le dedicó a su mamá, hermana mía, el 10 de Mayo de 1997. Enrique le decía en aquel entonces; abro cita: “En mi corazón bailan sentimientos que ni la pluma ni la lengua pueden expresa; alegres armonías, bellas sinfonías, música espléndida querría tocar para ti, pero… tan sólo soy capaz de esbozar unas cuantas líneas mancas de sentido y faltas del verdadero sentir propio. Mi espíritu está encadenado y no puede beber de la fuente de la inspiración, madre de los artistas.” Cierro cita.

Haciendo eco de estos juveniles pensamientos, se me antoja recapacitar que en mi corazón maduro y endurecido por los años, también danzan sentimientos que ningún instrumento musical pudiera expresar; de ahí que a veces quisiera ser las teclas de un piano para asimilar y embeber el suave toque de las yemas que expresan dulzura y amor, o para resistir y recibir los fuertes manotazos que expresen pasión y coraje… A veces, quisiera ser las cuerdas de un piano para invadir e irrumpir con mis vibraciones el ámbito que me rodea y contagiar de mis emociones a todos los que me aman… A veces, quisiera ser el arca del piano para fungir como caja de resonancia y sacar todo lo que tengo adentro, con todos sus matices, y hacerlos llegar a todos los corazones que estén cerca de mí, envolviendo mi existir… A veces, quisiera ser la partitura para que, quienes me interpreten descifren y trasladen las inquietudes de mi espíritu y las expresen con su talento y su virtuosismo, para compartirles a todos mis vivencias, mis cuitas y mi brío desbocado y a veces, quisiera ser las ondas sonoras que transitan invisibles para que arrullen y rosen, sin lastimar, las más sensibles entrañas de mis seres queridos.

El piano, al igual que todos los instrumentos musicales, es el enlace más puro entre dos espíritus, a través de quien lo interpreta. Es la conjunción de un alma que, a través de sus acordes gime, ríe o llora y que fielmente interpretados, aún siglos después de escritos, vinculan en un diálogo sublime a su contraparte, el alma receptora, quien ávida de emoción se nutre de plena subsistencia y de entera intensidad.

El intérprete, los intérpretes aquí reunidos y hoy galardonados por su talento, son el puente mágico, son el enlace sublime, son la conexión etérea que atan este nudo y concretan esta ligazón y por eso, aun sin haber escrito una nota, tal vez sin saberlo, tal vez sin intentarlo, han fundido e influido en dos almas, en numerosas almas, que muchas veces han sido apartadas por la época, por la distancia o por los siglos… permítanme seguir elucubrando… si yo fuera una tecla, si yo fuera una cuerda, si yo fuera la caja acústica de un piano, si yo fuera la onda sonora y, sabedor de ese influjo de sentimientos que por mis fibras correrían para apaciguar, atemperar o endulzar la vida de otro próximo, me prestaría a hacerlo, me convertiría en ese instrumento eterno, sin descanso y sin sosiego, sin pausa y sin quejido, sin condición y sin egoísmo, y me entregaría en la más absoluta renuncia de mi mismo.

Hoy me complazco, al igual que en años anteriores, en convivir unos momentos con los más distinguidos conectores de almas a través del piano que hay en el momento, hoy me complazco en distinguir a tan maravillosos intérpretes, hoy me complazco en aplaudirles.

Muchas Gracias

Gustavo M. de la Garza Ortega

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English version:

Distinguished members of the Jury
Distinguished Executives of Parnassós Council,
Great contestants of this International Piano Competition,
Brilliant winners,
My Dear and Respected Myrthala Salazar,
And all the friends present here today:

I will begin by quoting a few sentences that Enrique García de la Garza, a 17 year-old nephew of mine, dedicated to his mother, my sister, on May 10th, 1997. Enrique used to say: “Inside my heart, feelings dance but cannot be expressed by any written or spoken language, for they are happy harmonies, beautiful symphonies, splendid music, that I want to play for you, but … I can only draft a few lines that lack any sense and are missing my true feelings. My spirit is shackled and cannot drink from the fountain of inspiration, the mother of all artists.”

Echoing these youthful thoughts, I would like to think that in my mature heart, hardened by the years, there are also feelings still dancing and cannot be expressed by any musical instrument. Because of this, sometimes I would like to be the keyboard of a piano and absorb the gentle touch of those fingertips that express sweetness and love, or even endure the strong strikes that express passion and courage… other times, I would like to be the strings of the piano, so with my vibrations I could irrupt and invade my surroundings and spread my emotions to all those who love me … At times, I would like to be the ark of the piano so everything I carry within me could resonate to the outside with all my nuances, and take them to all the hearts near me, wrapping upon them my own existence … I would also like to be the composer’s score so those who interpret me could decipher and move the concerns of my spirit and express them through their talent and virtuosity, sharing all my experiences, my troubles and my unbridled energy…or maybe I want to be the sound waves that travel unseen just to lull and gently touch, without hurting, the sensitive heart of my loved ones.

The piano, just like all musical instruments, is the purest connection between two spirits through its portrayer. It is the conjunction of a soul that through its accords whispers, laughs or cries and when faithfully interpreted, even centuries after being written, binds in a sublime dialogue its counterpart, the receiving soul, that eager for emotion, is nurtured by a full subsistence and total intensity.

The interpreter, interpreters, gathered here today and honored for their talent, are the magical bridge, the sublime bond, the ethereal connection that ties the knot and consolidate this linkage and so, even without having written a note, perhaps unwittingly, perhaps without trying, have merged and influenced two souls, many souls, which have often been separated by time, by distance or by eternity … Let me continue elaborating… if I were a keynote, if I were a string, if I were the acoustic box of a piano, if I were the sound wave and knowing that the influence on my feelings would run the fibers to appease, temper and sweeten the life of another being, I would do it, I would become a timeless and restless instrument, without pause and without complaint, without condition and without selfishness, I would give myself in the most and absolute devotion.

As in previous years, today I am proud to share a few moments with the most distinguished connectors of souls, through the piano that exists at this time, today I am pleased to honor such extraordinary performers, today I am happy to applaud you.

Thank you very much,

Gustavo M. de la Garza Ortega

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